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Es más fácil ser jefe….

¿Qué es ser un líder?

Hay varias definiciones, desde las mas simples como: alguien que te acompaña. O las más robusta como: persona a la que un grupo sigue, considerándola como jefe u orientadora (según wikipedia). O más abarcadoras cómo: conjunto de habilidades gerenciales o de las directivas que un individuo tiene para influir en la forma de ser y actuar de las personas o en un grupo de trabajo determinado, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo hacia el logro de sus metas y objetivos (también de wikipedia).

En el fondo, quienes somos líderes sabemos que es mucho más que eso.

Es no dormir la noche anterior a tener que desvincular a alguien – sabiendo que esa persona / y su famila por extensión / van a pasar un mal momento, es no saber bien cómo encarar esas conversaciones dificiles cuando no podés aumentar un sueldo (más en países de alta inflación como los nuestros), o cuando no podés calificar bien a una persona porque – a pesar de su esfuerzo – el resultado no es satisfactorio.

Es saber que vas a trabajar el doble y no vas a ver el doble del pago. Es saber que vas a remar en dulce de leche repostero con dos cucharitas descartables.

Es todo eso, y mucho más.

También es poder ver cómo una persona de tu equipo va a otro, y lleva tu sello personal de hacer siempre las cosas bien, o que de pronto ves a un grupo de gente que te banca cuando hay que quedarse más tiempo para resolver un incendio.

Y también es ese gusto y placer por saber que sos un ejemplo a seguir, y que te lo dicen. Y que cuando no te lo dicen en palabras, las acciones lo muestran.

O cuando alguien que ya no trabaja con vos te escribe un post en alguna red social diciendo «¡Que jefazo!» y eso te alegra el día, la semana y el mes.

¿Qué nos motiva a ser líderes?

En mi caso personal, la necesidad de trascender. De hacer que todo el universo que me rodea, sea un lugar mejor para mi, para mis colaboradores, para mi famila y para mis amigos.

También es el compartir con otras personas experiencias, charlas, mates y cafés contando anécdotas – divertidas, extrañas y de gran aprendizaje.

O también el aprender con humildad de quienes saben y hacen muuuuuuucho más y mejor que yo.

Pero sin dudas, hay un hilo que nos une a todos los líderes: no somos jefes.

Sin dudas es más fácil ser jefe.

¡Por supuesto! Ser un simple engranaje de una estructura más grande, donde no me importa que pasa con los otros – mientras yo esté a salvo. Dejar de lado el reconocimiento, porque total…. para eso está el sueldo.

O simplemente ser un elemento de presión que baja línea y no aporta. Y que en todos lados, hay excusas para justificar lo injustificable.

Es mucho más facil ser un jefe que un lider. Menos riesgos, menos trabajo, menos exposición, menos amarguras, y por supuesto, menos de todo.

Quiero más de todo.

El dar el paso en el liderazgo implica querer más de todo: más de las cosas que nos hacen aprender, más desafíos por resolver, más complejidades para simplificar, más proyectos, más colaboradores, más amigos, más alegrias, más ….. ponele el nombre de lo que te entusiasme. Y también, más placer interior al saber que estás cambiando el mundo.

Si no estás cambiando el mundo a tu alrededor, no estás liderando.

El proceso de liderar tiene sus secretos, sus trucos, sus formas de aprender que la gran mayoría de las veces, se basa en la experiencia. Y como decía una persona a la cuál admiro mucho: «la experiencia es un farolito que llevás en el cul@: te ilumina después que pasó». Sabias palabras, sin dudas.

La experiencia, guía; la repetición, madre de todas las habilidades.

Sin dudas que podemos concluir que las experiencias son las que nos enriquecen, las que nos aportan ese aprendizaje en el momento adecuado: cuando lo vivimos.

Y si tenemos la oportunidad de volver a transitar ese mismo camino, sin dudas que lo haremos con un mejor conocimiento del territorio: la repetición es la madre de todas las habilidades.

Para lograr ser un GRAN líder, todas las mañanas me levanto pensando en cómo liderar mejor. Y todos los días lo practico. Como también todas las noches reflexiono si aprendí algo, si mejoré el mundo con mi toque.

A veces lo logro, a veces no.

Exacto: no somos perfectos, lo único perfecto en éste mundo es Dios.

Aunque lo que si podemos hacer es – como decía antes – repetir, iterar, volver a probar, caernos y levantarnos, generar esas experiencias que nos ayuden a aprender a ser mejores líderes.

Acá viene la parte de auto-bombo:

En mi caso, la mejor forma que yo conozco para mejorar mi estilo de liderazgo, es dar cursos, capacitaciones y talleres LEGO® SERIOUS PLAY® para colaborar con otras personas en su desarrollo como líderes.

Enseñar de día y aprender de noche. Aunque a veces también doy cursos de noche…. 🙂

Es por eso mismo que hace ya unos años – y no me arrepiento para nada – en que a partir de lo que hago en Gamifica, me convertí en un aliado de l@s líderes para motivar, comprometer, gestionar el employee engagement y la performance operativa.

Y cada día estoy más convencido que el camino es el de generar las capacitaciones en habilidades blandas, entrenamientos en gamification para recursos humanos, capacitación, aprendizaje y educación; actividades de desarrollo de Líderes y team building presenciales y virtuales.

Yo lo hago jugando, ¿y vos?

Así es: la gamification, el jugar en el trabajo, el conocer qué cosas lúdicas colaboran para que trabajemos mejor, aprendamos más, seamos más felices y productivos en nuestros trabajos, es mi forma.

Y te invito a que – si todavía no probaste jugar en tu trabajo – lo hagas: pensando en cómo cuando eras chic@, jugabas para aprender. Y de grande, también podés jugar para aprender, para ejercitar tu liderazgo y para seguir tu camino de progresar hacia una mejor persona, a crear un mundo mejor.

Trabajo en equipo: Carrera de aviones

Abrir la puerta para ir a jugar.

Si, lo tomé prestado y adaptado de la canción «Arroz con leche». Y justamente esa es mi invitación para vos en éste glorioso dia: que me acompañes y me dejes acompañarte en ese cambio: el de abrir la puerta para ir a jugar, para ir a trabajar – que pueden ser dos cosas que van de la mano.

Después de todo, si vamos a trabajar un montón de horas, ¿acaso no es mejor que la pasemos bien y que estemos con una sonrisa de oreja a oreja?

Gracias por tomarte tu tiempo para leer ésta nota. Espero que la disfrutes tanto como yo escribirla.

PD: te invito a compartirla a tus colegas que te acompañan en tu camino.

Rodrigo

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